El TAROT es un tipo de cartomancia, una técnica de adivinación en la que se utiliza una baraja compuesta por 78 cartas: 22 arcanos mayores y 56 arcanos menores. La palabra arcano, proviene del latín y significa misterio, oculto.
Los arcanos menores del tarot son los mismos que componen la baraja española, con sus cuatro palos oros, bastos, espadas y copas del 1 al 10 y sota, caballo, reina y rey.
Los arcanos mayores están íntimamente relacionados con las energías interiores que emanan de nuestro cuerpo, así como la influencia de las energías del cosmos en nuestras vidas.
El tarot se basa en la selección de cartas, que son interpretadas por una cartuxeira según el orden o disposición en que han sido seleccionadas o repartidas, permitiendo la consulta e interpretación de hechos presentes, pasados o futuros, sueños, estados emocionales, etc.
La historia del tarot es incierta. Muchos creen que proviene de Egipto.
Aunque existe una la leyenda que mantiene que la historia del tarot se remonta a principios del siglo XIII, cuando los mercaderes del Mediterráneo, que recorrían la Ruta de la Seda, trajeron entre sus pertenencias el primer mazo de cartas conocido en Occidente, llamado Mamluk. Su origen era islámico y estaba organizado en cuatro palos.
Durante el siglo XV, en Europa, se incorporó un quinto palo: los triunfos, que eran cartas con dibujos de flores o escenas variadas y que resultaban superiores a las de los palos ordinarios. Sus figuras eran casi las mismas que en la actualidad, que ahora conocemos como los 22 arcanos mayores del tarot.
Con la incorporación de los triunfos, nació un nuevo juego llamado tarocco o tarocchi en Italia, tarock en Alemania y tarot en Francia. El primer tarot completo del que se tiene constancia, data de alrededor de 1440, y es el tarot de Visconti-Sforza, realizado a mano por encargo del Duque de Milán. En este tarot aparecían ya figuras como la Emperatriz, el Colgado o el Mago y casi todas las demás que componen los arcanos mayores actuales, con una salvedad: la Torre y el Diablo. Se desconoce si faltan porque se perdieron o si todavía no formaban parte del juego.
A fines del siglo XV, el tarot ya estaba organizado en 78 cartas: 22 triunfos numerados del 1 al 21, más el Loco, la carta sin número o número cero, y 56 cartas divididas en 4 palos: Oros, Bastos, Espadas y Copas que van del 1 al 10, más sus correspondientes figuras -rey, reina, caballero y paje-; y empezó a tener el uso adivinatorio.
Parece que era común en las reuniones sociales pedir a doncellas y caballeros que sacaran al azar alguno de los 22 triunfos para descubrir su personalidad o destino en función de la figura elegida.