
Soy Meiga, aunque para viajar no utilizo una escoba. También podemos decir que no soy una meiga al uso, porque soy medio gallega medio asturiana.
Nací con un don. La gran suerte de haber crecido rodeada de magia y aprendiendo día a día, hoy me permiten utilizar mi preciado don para ayudar a quien lo necesite.
Quien me iba a decir que escuchar cuando era niña a las personas que esperaban a ser atendidas por mis padres y cada consejo que ellos les daban, me llevarían, sin darme cuenta, a estar totalmente inmersa en el mundo de lo natural y el Arte de la Magia.
Por aquel entonces jamás pensé que esa experiencia determinaría mi vida y mi futuro. Nunca elegí mi camino, el camino me eligió a mí.

A muy temprana edad me inicié en el Arte del Tarot y de la Baraja Española. Durante años practiqué con familiares, amigos y vecinos. Nunca me cansaba de hacerlo, hasta que logré dominarlos a la perfección.
Tiempo después comencé con la Alta Magia y con ella descubrí mi pasión, mi oficio. La Magia Blanca me reporta grandes satisfacciones, pues me permite alejar el mal para resolver o mejorar difíciles situaciones que sufren las personas que me solicitan ayuda.
En la magia dos y dos no son siempre cuatro. Cada caso es diferente. Ejercer la Magia Blanca requiere prudencia, paciencia, un gran conocimiento de lo natural, lo espiritual, las energías, la tradición y seguir aprendiendo cada día…