Es en el Castillo de San Payo de Narla en Friol (Lugo) donde se desarrolla la leyenda de Doña Catalina, escrita por un monje del Monasterio de Sobrado de los Monjes.
Don Vasco das Seixas, señor del castillo, se casó con Doña CATALINA DE SANTISO, hija de Don Sancho de Santiso.
Don Vasco después de un tiempo de casado con Doña Catalina, comenzó a sentir un gran odio y adversión hacia su esposa, despreciándola en todo momento. Un día la acusó de tener un amante e intentó envenenarla por la deshonra que le suponía. Sin embargo, el veneno no logró el objetivo deseado…
Desde ese mismo momento el odio que él sentía hacía su esposa fue en aumento y el día de todos los santos, en un ataque de locura, le clavó dos veces una daga en el pecho. Doña Catalina cayó muerta a sus pies. Don Vasco huyó a Portugal.
El cuerpo sin vida de Doña Catalina estuvo cuatro días en la torre del castillo, mientras esperaban la llegada de su padre, Don Sancho, para darle sepultura. Doña Catalina fue enterrada en una capilla del Monasterio de Sobrado.
Más tarde, Don Sancho, padre de Catalina, solicitó a la Real Audiencia de A Coruña que investigara la muerte de su hija. Como parte del proceso fue necesaria la exhumación del cuerpo de Doña Catalina.
Para sorpresa de todos los presentes, su cuerpo estaba en perfecto estado, como si estuviera dormida, con sus mejillas sonrosadas y una sonrisa húmeda en los labios. Cuando le descubrieron el pecho, donde tenía las dos heridas de la daga brotaba suavemente sangre caliente, como si la hubiera herido en ese mismo instante.
Fue este hecho tenido como demostración de la Santidad de Doña Catalina.
Días más tarde se supo que Don Vasco das Seixas, fue muerto a estocadas en Portugal durante una riña entre varios hidalgos de la casa del duque de Braganza.