Saludadores. Antiguamente existían unas curanderas y curanderos conocidos como “saludadores”, quienes eran poseedores de una gracia especial al nacer en Jueves o Viernes Santo, ser el séptimo hijo varón o hembra dentro del matrimonio y que sus hermanos/as anteriores fueran del mismo sexo.
También se podían ver influenciados por otras circunstancias o factores de distinta índole y que estuvieran relacionados con el día de su nacimiento.
Estas personas, además de tener el “don” para curar la rabia eran capaces de soportar un calor extremo en las manos, pudiendo lavarlas con agua o aceite hirviendo e incluso siendo capaces de sujetar un hierro candente, sin quemarse. También se decía que adivinaban el pasado y el futuro y que tenían grabada una cruz en el paladar o en la lengua.
Por otra parte, su saliva y aliento eran conocidos por contar con una serie de virtudes curativas. Esto se puede apreciar, por ejemplo, cuando echaban el aliento al pan o lo masticaban, para a continuación dárselo a comer a personas o animales para curarlos de la rabia. Además, se creía que si un saludador con su saliva hacía una cruz sobre una persona o animal mordido por un perro rabioso, se curaba.
También aplicaban su saliva en los ojos o en las heridas de las personas que tuvieran el problema, a las que después soplaba para hacerles sanar.